• Expreso Doble

¿La muerte es reversible?

Actualizado: 21 de mar de 2020


“Y cesará el dominio de la muerte.”

Dylan Thomas, 1933


Todos moriremos, tarde o temprano. Tal como lo dicta la segunda ley de la termodinámica, aquello que tiene un principio tiene un fin, incluso el universo mismo. Este argumento sirve a Chrstof Koch para iniciar uno de los más interesantes artículos que leí durante al año pasado: “Is Death Reversible?”, que apareció en el mes de octubre en la revista Scientific American. Es imposible que con ese título el texto no haya sido leído profusamente, pues, aunque sabemos que es inevitable, el más profundo deseo humano es no morir.

   El epígrafe de esta entrada también fue elegido por el autor del artículo, de manera muy acertada, pues se trata de uno de los poemas que con mayor profundidad toca el misterio de la existencia. Es imposible no citar algunos de sus versos: “Y cesará el dominio de la muerte / cuando todos los hombres hayan muerto / y todos sean ya un solo hombre, / que habitará en el viento y en la luz de la noche, / y los huesos, deshechos en ceniza, / sean polvo de estrellas” (excepto el primer verso, los demás son traducción de Juan Peña, recogida del libro El poema extranjero, Ediciones de La Isla de Siltolá, 2018).

  En pocas palabras, Dylan Thomas nos dice que la muerte dejará de dominarnos cuando todos seamos ya ella misma. Entonces, habremos perdido el miedo a la nada, que adquirimos en algún momento de nuestra existencia, cuando de pronto nos dimos cuenta de que vamos a morir. Claro que pronto nos acostumbramos y dejamos transcurrir las cosas como si ese temor no fuera.

Pero, ¿y si realmente pudiéramos vencer, durante la vida, a la muerte? El autor del artículo nos traslada del ámbito filosófico, metafísico, al de la ciencia dura. La muerte es una definición médica y durante mucho tiempo se consideraba que ocurría cuando el corazón dejaba de latir y los pulmones de funcionar. Desde hace ya décadas, nos hace recordar Koch, se define a la muerte como un coma irreversible, como el instante en el que el cerebro pierde todas sus funciones. En ese momento, la mente deja de existir, pues no hay ya un cerebro que lo anime. Todas las religiones entienden que en ese momento el alma abandona el cuerpo y va más allá de lo físico. La ciencia no puede concebir esto, pues sólo puede referirse a lo físico. Por lo tanto, resulta muy complejo definir lo que significaría retrotraer a alguien de la muerte.

  Los científicos, nos dice Koch, no se arredran ante retos que parecen imposibles. Además, el concepto de irreversibilidad no es inamovible. Lo que a principios del siglo XX se consideraba irreversible, es decir, la ausencia de respiración en un cuerpo, a finales del mismo siglo se tornó reversible. Por lo tanto, ¿podría ocurrir lo mismo con la idea de la muerte cerebral?

   Según nos cuenta el autor del artículo, el año pasado un equipo interdisciplinario de la Escuela de Medicina de Yale, comandado por Nenad Sestan, realizó un experimento con cientos de cerdos, cuyos resultados fueron publicados en la revista Nature. Los científicos separaron los cerebros de los cuerpos de los animales y lograron transmitirles, mediante sangre artificial, función cardiaca y consiguieron restaurar la circulación y la función celular en varios de ellos. El equipo de investigadores aceptó que no habían conseguido encontrar signos de actividad eléctrica, relacionada con la actividad cerebral. Sin embargo, lo que lograron se considera, de acuerdo con Nature, “un verdadero reto a lo que hasta ahora se entiende como la frontera entre la vida y la muerte”.

   Christof Koch se hace la pregunta evidente: ¿se podría realizar este experimento con un cerebro humano? Como él mismo lo dice, tarde o temprano algún habitante del planeta lo intentará, es imposible que eso no ocurra. Pero, ¿de verdad querríamos que no existiera la muerte y seguir en este mundo eternamente?


Imagen tomada de la revista Scientific American. © Bill Mayer

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