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La expedición de la Kon-Tiki

de Thor Heyerdahl

La aventura más audaz

del siglo XX

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—Es verdad que Sudamérica ha sido la sede de algunas de las más extrañas civilizaciones de la antigüedad y desconocemos mucho sobre ellas; pero sí sabemos que ninguno de esos pueblos de Sudamérica llegó a las islas del Pacífico. ¿Sabe usted por qué? ¡Porque no tenían barcos!

—Tenían balsas -le objeté con vacilación- ¿Sabe?, balsas de maderos acoplados.

El viejo se sonrió y dijo con toda calma:

—Bueno, si quiere puede intentar un viaje del Perú a las islas del Pacífico en una balsa.

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Construir una balsa para atravesar el océano Pacífico desde Perú hasta la Polinesia suena tan aventurero en nuestros días que no hay alguien que haya intentado hacerlo, que se sepa. Emprender una proeza así en la primera mitad del siglo pasado, cuando las comunicaciones eran por completo rudimentarias, si las comparamos con los recursos satelitales con los que contamos ahora, parecería una verdadera locura.

     Entre los libros del santasantórum existe uno que narra esa locura y lo hace de una manera magistral. En 1947 el explorador noruego Thor Heyerdahl hizo construir una balsa, identica a un modelo de la antigüedad, para realizar su proeza, con el propósito de demostrar la exactitud de una teoría científica. Su deseo era probar que la Polinesía pudo haber sido poblada por vía marítima desde América del Sur, mediante balsas como la que él utilizó.   

Thor Heyerdahl, La expedición de la Kon-Tiki, Editorial Juventud, Barcelona, 1967.

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Thor Heyerdahl comenta el plan de viaje en el Club de los Exploradores de Nueva York.

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    Junto con cinco compañeros, Heyerdahl consiguió atravesar el Pacífico, llegar a su destino y probar su teoría. Fueron 101 días, para realizar un recorrido de casi 7 mil kilómetros.

   Toda aventura nace a partir de un sueño. El sueño de Heyerdahl nació en una las islas Marquesas, en el medio del océano Pacífico, donde vivía con su esposa. Ellos eran los únicos extranjeros que habitaban la isla y dedicaban gran parte del tiempo a contemplar el mar, lo que les permitió advertir que sólo en es parte de la isla el mar golpeaba con extremada fuerza las playas. El oleaje era constante y mantenía un ritmo que parecía eterno. Eso ocurría porque el viento corre en esa zona del Este hacia el Oeste y llega desde las costas de Sudamérica. Un viento que bien pudo haber servido para llevar embarcaciones desde el continente austral hasta la Polinesia. Heyerdahl estaba inmerso en el estudio de "los pueblos primitivos" y había encontrado innumerables pistas que le llevaban a la certeza de que eso había ocurrid. Sin duda lo que más lo convenció fue la coincidencia entre el dios Kiti polinesio y el dios Kon-Tiki del Perú. Una deidad que para los polinesios significa era hijo del Sol y había llegado del oriente. Sin embargo, una vez que puso en blanco y negro el resultado de su investigación, nadie lo tomó en serio, el rechazo a sus conclusiones fue unánime. Fueron tantas las negativas y de tal grado su convicción que la única solución fue construir una balsa para probar su hipótesis.

    Heyerdahl no sólo llevó cabo su proyecto descomunal, sino que dejó el relato de su travesía. Por una afortunada coincidencia, este noruego no sólo era aventurero y científico, sino también un excelente narrador, que había ya publicado antes Aku-Aku. El secreto de la isla de Pascua.

   La expedición de la Kon-Tiki tuvo tiradas de cientos de miles de ejemplares y fue traducido a veinte idiomas. Y no faltaban razones para ello, el libro obsequia al lector el placer de la aventura, de la vida en una balsa insignificante en el medio del océano. Leer esto en nuestro tiempo, cuando las aventuras más peligrosas las pasamos frente a la pantalla de nuestro teléfono, nos ayuda a entender que podemos mirar más allá de lo que la tecnología nos ofrece gratuitamente.

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Una buena captura de tiburones, atunes y bonitos.

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Pobladores de la Polinesia con quienes se encontraron los navegantes de la Kon-Tiki.

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