Sin novedad en el frente

de Erich Maria Remarque

El ejemplar estuvo ante mi vista mucho tiempo antes de que yo lo leyera y, seguramente porque en la camisa que protegía la portada se mostraban caricaturas que aludían a la guerra de una manera casi infantil, el título siempre me pareció humorístico. Quizá por eso, cuando me convertí en un lector “serio” aplacé recorrer sus páginas, pues mi interés era comprender el sentido de la vida, el misterio de la existencia y cosas por el estilo, es decir, no sabía aún lo que realmente me interesaba.

   Por eso, muchos años después, cuando me dispuse a leerlo, lo primero que sentí fue sorpresa, pues me di cuenta de que “Sin novedad en el frente”, lejos de ser humorístico, es una novela que lleva al lector a presenciar no sólo la mayor tragedia, sino también el peor de los crímenes que el hombre comete contra sí mismo.

   Probablemente mi sorpresa no habría sido tanta si hubiera tenido la previsión de leer el epígrafe que el propio autor escribió para guiar a sus posibles lectores. Esa omisión ocurrió porque en aquella época mi prisa por entrar en materia me llevaba a hacer a un lado toda introducción y preámbulo, siempre me dirigía directamente a la primera página de la obra. Pues bien, el epígrafe no puede ser más claro: “Este libro no pretende ser ni una acusación ni una confesión, sólo intenta informar sobre la generación destruida por la guerra. Totalmente destruida, aunque se salvase de las granadas.”

   Cada relectura permite apropiarse de un libro de una manera diferente. Ahora, encuentro detalles que no tomé en cuenta hace años. Por ejemplo, que en sólo medio año logró vender un millón de ejemplares (según la reseña en Amazon hasta ahora se han vendido 20 millones de ejemplares en todo el mundo). Si pensamos que en 1929 la población europea andaba por los 120 millones de persona, podemos entender la magnitud de esa cifra. La edición que yo poseo es la sexta en español, pero fechada en noviembre de 1929. Es decir, se realizaron por lo menos seis ediciones en España en un solo año, algo que para un libro editado en México en la actualidad sería un logro monumental. La industria del libro permite ahora a nuestros autores tener una difusión mundial de manera instantánea, por supuesto que eso no era posible en 1929. Es decir, quienes leyeron entonces este libro fue porque realmente tocó sus más profundas fibras.

   Erich María Remarque fue un alemán con raíces francesas, lo que tal vez explique su capacidad para ver a la guerra no como un combate entre buenos y malos, sino como un suceso en el que todos son víctimas. En 1916, a sus 18 años, fue arrancado de su familia y enviado a combatir en la peor de las guerras que la humanidad había conocido hasta entonces. A los 18 años, cuando una persona apenas comienza a entender la vida, él quedó inmerso en lo indescriptible, en el lugar donde el hombre se extermina a sí mismo.

   Sin embargo, la escritura tiene tal poder de seducción, que las escenas más repugnantes las recibimos, podría decirse, con agrado. El placer del descubrimiento nulifica el dolor de percatarnos de la miseria humana. Las palabras tienen ese poder y el propio Remarque se percató de eso cuando, además de la fama, recibió como retribución a su libro los más furiosos ataques de militaristas y nacionalistas que vieron en él una diatriba contra la guerra. Sí, leímos bien, en 1929 podía escandalizar que alguien manifestara su rechazo a la guerra, sobre todo por medio de algo tan poderoso como la literatura. Parece increíble ahora, pero no lo es tanto si pensamos que a pesar de que el mundo vivió entre 1914 y 1919 un infierno, eso no bastó para que a partir de los años treinta se fuera incubando un infierno aún peor. “Sin novedad en el frente” hizo deslucir las medallas que los generales portaban en los actos cívicos más relevantes.

   Leer este libro ahora, en el siglo veintiuno, cuando la corrección política nos hace rechazar toda violencia, pero la realidad nos hace ver que la mayoría de los que cuentan con poder están de acuerdo con ella, es algo revelador y, paradójicamente, muy placentero. Remarque lo escribió para librarse de la pesadilla de la guerra, ojalá que lo haya logrado. Sus lectores encontramos, a partir de la más profunda oscuridad, la claridad de la comprensión.

   Conseguirlo no es difícil. Si eres un lector de Kindle, puedes buscarlo en Amazon. En México la colección Sepan Cuantos, de la editorial Porrúa, lo editó y afortunadamente su distribución es muy amplia. Para un buen lector, no hay obstáculo que valga.

Una generación destruida por la Primera Guerra Mundial.

Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente, Editorial España, Madrid, 1929

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